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La
Economía de Dios
Por
José M. Viera
La
crisis financiera mundial ha eliminado muchos trabajos de nuestra
economía. Personas con más de veinte años de trabajo
en una compañía hoy día se encuentran sin trabajo y
a punto de perder sus casas y otras posesiones. Millones de
personas están sin trabajo y la recuperación financiera
de nuestros países es demasiado lenta que no puede suplir las
demandas de tantas personas desempleadas. Esto es ciertamente una
verdadera crisis económica mundial.
Sin
embargo, en la Economía de Dios, es todo lo contrario. Hay una
enorme cantidad de trabajos a realizar para todos los que reciben
el llamado de Dios. (Y Él llama hoy). Día a día,
miles de hombres y mujeres se enlistan al servicio de Dios,
predicando por los campos y ciudades; evangelizando en lugares
cercanos y remotos. Hay un ejército de trabajadores que
día y noche siembran la Semilla del Evangelio.
Apreciado Lector, tú
has sido llamado y seleccionado a unirte a la Economía de
Dios, para que hagas una diferencia en este mundo perdido:
Visitando a un enfermo; orando por un necesitado; levantando al
caído; escuchando al que necesita de un verdadero amigo;
llevando comida al hambriento; llevando ropas y cobijas al que
tiene frío y necesidad; cantando y participando en la iglesia
local; orando por la Obra; y apoyando financieramente los asuntos
del Señor. Todo esto y mucho más es parte de la
Economía de Dios, donde hay trabajo amplio para todos y donde
nunca se agota el llamado al compromiso y a la responsabilidad.
¿Cuántos escuchan la voz que llama al trabajo?
¿Cuántos aceptan la invitación del
Señor?
¿Cómo, pues,
invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y
cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y
cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y
cómo predicarán si no fueren enviados? Como está
escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian
la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Romanos
10.14-15
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